
(Debemos encontrar el momento preciso para fotografiar a un colibrí en uno de sus aleteos veloces)
Este es el momento. Es ya es ahora o no es nunca o dejemos que sea en nuestra mirada proyectante. ¿Cuando no es ahora? y ¿cuando es nunca? Esto debe sostenerse en alguna línea que nos mantenga, podría tranquilamente balancearme en una hamaca, pero debo asumir que debo de estar presente en ese trecho que es la vida, que es la realidad.
Pero a muchos nos gusta hamacarnos desde arriba y observar el mundo como si nosotros no perteneciéramos a él, por lo tanto no nos hacemos cargo de los pesos y suposiciones de la vida. Las horas transcurren y el pimpollo abrió y relució en bella flor, en ese momento un colibrí que circundaba se resolvió en extraer el néctar que le servirá para darle energía al volar, este colibrí es minúsculo, casi inexistente en comparación al universo infinito. Más tarde sabemos que esa flor disecará y marchitará y sus hojas se desprenderán para luego formar parte de la tierra y este fue su ciclo.
Sabemos también que mediante las rotaciones el sol sale y se pone en la tierra, mientras ahora el sol se encuentra partiendo el cielo a la mitad, sabemos que su tramo nace desde que lo vemos salir por la mañana hasta que lo vemos ponerse al atardecer. Entendemos que indiscutiblemente el sol se pondrá para nuestro gusto y el día terminará para dar paso al ciclo de la noche, y convertir las rotaciones en rutina para nuestra vida cotidiana.
Hemos ideado desde tiempos remotos una manera de sostenernos trazando esa línea sin dar lugar a detenernos ni retroceder, ni avanzar. Dimos lugar a el Tiempo, la magnitud física que por supuesto es abstracta y no detectable, se percibe el tiempo por el hecho de que es nuestra necesidad percibirlo, saberlo existir. Asi como sabemos de la existencia de la vida por pensarnos con vida, el tiempo existe por pensarlo existente, y de esa forma el tiempo compone las secuencias. La vida no es nada más y nada menos que secuencia de hechos.
Nadie puede negar la existencia del tiempo porque se creería muerto, se creería alma libre, el tiempo es lo que nos compone y nos permite desarrollarnos, ver más allá de nuestras expectativas, conformarnos y encontrar felicidad (Por lo menos de a momentos).
La realidad aveces se torna agotadora y quedamos entumecidos buscando algo indefinido creando otros tiempos o desarmándolo... Pero es sumamente necesario despegarnos en ciertos momentos de ella, ya que aveces es agresiva y daña, debemos de saber enfrentar hechos y derechos antes de evadirla... Pero mientras quieras dejate volar... Desplegate... El presente no se ve... es como las alas ligeras del colibrí... no digo nada más.



Es eso, todo movimiento, todo cambio constante, todo retorno a lo inanimado, a la no palabra, todo ese transcurso, ese recorrido, llamado vida, llamado realidad...
ResponderEliminarDespegarse de eso, nunca... mas bien lanzarlo a otro plano, sublimarlo, para que le resista al tiempo en la hoja, en el lienzo, en la arcilla, en el marmol, en el sonido que se reproduce como "Echoes...
Saludos
Chespi